SUENA EL TELÉFONO


Suena el teléfono, estamos comiendo, mi mujer se levanta para cogerlo, mi hija y yo nos miramos con aire de complicidad, ¿será Mimout, será Ana, Saray o Maryen, o…? Lo que sí es seguro es que se trata de una llamada de auxilio.

Mi mujer, como otras equipistas, es voluntaria de Caritas parroquial.

En estos tiempos de confinamiento los problemas de las personas a las que habitualmente ayudan se han agravado, de la noche a la mañana se han quedado sin las chapucillas, las horas malpagadas de empleada de hogar, la recogida de chatarra por los maridos,… cosas que antes ayudaban a conseguir algo para ir tirando, ahora es nada.

Ya no pueden citarlas, en la sala de la parroquia, para intentar solventar sus problemas económicos y darles un aliento de esperanza. En estos tiempos el campo de “batalla”, de la caritas parroquial, contra la pobreza y la desesperanza, se ha desplazado de la sala de la parroquia a la puerta de la farmacia, del mercado, del super, a la calle,… ¡hay que socorrerlas!, tienen que comer, pagar la “luz”, el alquiler, los pañales, la leche infantil,….. . Cualquier lugar es bueno para ir al encuentro y apoyo de quien necesita ayuda y quien resulta mas reconfortado con esa experiencia es quien presta ayuda, Caritas no cierra.

Otra voluntaria comentaba que para evitar contagios se servía de una patata junto con el dinero, en una bolsa, para arrojárselo desde el balcón de su casa a las personas que acudían en su ayuda, y que de tanto hacerlo se estaba quedando sin patatas.

Vuelve a sonar el teléfono……..hay que cogerlo.

Araceli y Marcos.  Málaga-56