Nuestra experiencia de confinamiento con nuestro hijo

Julio y Yolanda, Málaga-69

Esta época de confinamiento la hemos vivido con una mayor religiosidad en nuestra familia. Nosotros no podemos asistir a misa a diario por el tema laboral. Sin embargo, en este periodo todos los días nos conectamos con nuestro consiliario Aurelio que ha estado retransmitiendo la misa por Instagram desde su parroquia y desde su propia casa en la época más dura. Queremos agradecer desde aquí esta generosidad de nuestro consiliario que nos ha permitido un mayor acercamiento a Dios. Por otro lado, con nuestro hijo en casa, hemos recuperado la oración familiar que hacíamos con ellos de pequeños, y que en circunstancias normales es imposible.

Hoy es 10 de mayo de 2020, y nuestro hijo pequeño Nacho (22 años) acaba de marcharse desde Málaga a Almería porque mañana comienza su primer trabajo (mes y medio de contrato, pero primer contrato al fin y al cabo; el que siempre recordamos todos).

Tenemos otros dos hijos más, uno en Holanda y otro en Granada a los que no vemos desde hace dos meses, como es natural. A Nacho lo pudimos “rescatar” de la Universidad de Almería justo el 14 de marzo.

Llevamos ya 4 años sin tener permanentemente ningún hijo en casa por estudios o trabajo, y por tanto, era una novedad tener a uno de ellos con nosotros ¡todo el tiempo! El síndrome del nido vacío es muy cierto, y la casa es otra cosa con que haya uno de ellos. Cuando tienes a los tres contigo y son pequeños no eres muy consciente de lo bien que estás por mucho lío que tengas. De esto sólo te das cuenta cuando se van.

Tengo que deciros que hemos saboreado esta experiencia al máximo, siendo conscientes de que era una ocasión única de disfrutar de un hijo las 24 horas del día, que ya no es adolescente y por tanto, con el que se puede hablar, debatir y reír como adulto. Precisamente la madurez que te dan los años te permiten ser más conscientes de la situación, y consecuentemente, das gracias a Dios por cada minuto que hablas con él, o que haces gimnasia, o que corres en los 10 metros que tiene nuestra terraza… A él le encanta tomarme el pelo, y a mí que me lo tome.

Todas las noches, justo antes de acostarnos, nos veíamos un video de ciencia en YouTube (de física o de temas de biología), él aprendiendo de mi como físico, y yo de él como biotecnólogo (acaba ahora la carrera). Sí, hay un momento en el que los padres aprendemos de los hijos, y ese momento ya está aquí.

 Hoy ha llegado el día que tenía que llegar, y se marcha. Quizá por las canas que peinas sabes que todas las fechas acaban por llegar, y aunque intentes detener el tiempo, éste no para. Pero también eres consciente de ello, y vives cada minuto disfrutándolo al máximo y agradeciendo a nuestro Señor este regalo incomparable que son los hijos. Dentro de mi hay sentimientos encontrados: por un lado ves que tu hijo avanza y se labra su futuro con esfuerzo y te alegras por ello (eso es lo que le has ido inculcando toda la vida); por otra parte, quieres tenerlo pegado a ti permanentemente, y este momento vivido nunca volverá (esperemos que no haya una segunda ola de contagios …). Acaba se sonar un mensaje de wasap diciendo que Nacho ya ha llegado a Almería. Qué bien se siente uno con este pequeño mensaje, ¿verdad?.