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Icono de la Sagrada Familia

El ícono original fue pintado en 1983 por la hermana María Paula, del Monasterio benedictino del Monte de los Olivos de Jerusalén, para los Equipos de Nuestra Señora.

Representa el hogar en el que cada uno de los cónyuges encuentra su identidad personal gracias a la diversidad de dones que le son ofrecidos para la unidad de la pareja.

Este icono es el de cada uno de nosotros, que en la familia somos uno y tres a la vez.

Muchos otros misterios se le desvelan a quienes lo miren:
En especial la actitud de ternura y confianza de la pareja: José se apoya amorosamente sobre la cabeza de María y le da seguridad poniéndole la mano en el hombro. También el Niño que es conducido por Ellos, es obra de Dios y reflejo de su amor: las tres manos unidas nos evocan la alianza de Cristo con los hogares constituidos por el sacramento del matrimonio.

Pero se puede ir más allá todavía y penetrando en el misterio del Hogar, Icono de Dios por excelencia, descubrir que a través de la diversidad de los dones y de los caracteres, cada ser es a la vez hombre, mujer y niño, hijos de Dios, fruto de todo un ascenso hacia la luz.

La mujer simboliza el corazón, el interior del ser; manifestado por su vestido real (rojo púrpura). Todo está en armonía profunda cuando un corazón puro y santo reina sobre el caos interior “Vosotros seréis un pueblo de reyes…”

El hombre simboliza el carácter sacerdotal, el exterior del ser. El que ofrece, el que protege, el que trabaja, el que se sacrifica. El color tostado de la tierra y el azul oscuro simbolizan la fe anunciando la aurora.

De la unidad de esta pareja nace el Niño, revestido de luz (manto de color naranja y estrías doradas) y también de plenitud (túnica blanca)
En Niño también está en el origen de esta Vida, servidor de la obra de Dios, modela pacientemente a cada uno de nosotros. El Servidor lleva el yugo en el hombro (Isaías 42) Este yugo es representado por el tirante de la estola del diácono.

Como todos los iconos de la Sagrada Familia, Palabra e Imagen serán fuente inagotable. Lenguaje de Dios en su misterio revelado a través de la creación. Y tal como dice San Pablo, “este misterio es grande”, se manifiesta por medio de diversos símbolos a todo el mundo que lo contempla.

(Original en francés del sitio del Movimiento de Espiritualidad Conyugal de Equipes de Notre Dame de Francia, Luxemburgo y Suiza.)


 

ICONOGRAFÍA

En este icono de la Familia de Nazaret contemplamos en primer lugar las coronas de José y María. Son dos coronas unidas, símbolo de la comunión espiritual, del caminar juntos en la santidad.
Sus miradas reflejan una actitud de obediencia, abandono y amor ante ese plan de Dios que se hizo muchas veces difícil e incomprensible. Esta actitud es contraria a la actitud de rivalidad o competitividad que toda pareja debe superar. José y María crean una realidad espiritual juntos.
Las coronas unidas simbolizan el proyecto de pareja. Para este proyecto, María encuentra en José una ayuda y José encuentra en María una ayuda.
Este proyecto es nuevo en cada matrimonio. Es nuevo y único. “Yo hago nuevas todas las cosas”. Jesús habla al corazón de la pareja –hombre y mujer- y les dice: “Yo, el Señor, os exhorto, os animo, os empujo a que hagáis algo nuevo, os impulso a crear, por el poder del Espíritu Santo, a crecer, a ser fecundos”.
Lo viejo ha pasado, los roles, los tópicos … todo puede ser nuevo en una familia cristiana por Aquél que es el Hombre Nuevo.
El hombre nuevo y la mujer nueva crean familias nuevas.
Las familias nuevas tienen Poder para renovar la sociedad.
Contemplamos ahora a Cristo, en el centro del icono. La Familia de Nazaret, santuario de La Vida. Cristo es la Vida. La familia cristiana santuario de vida, lugar donde hay vida, donde se protege y se cuida la vida y se da vida a otros.
Porque está Cristo en una familia cristiana es por lo que hay vida abundante y estamos llamados a dar vida.
Amor y vida van juntos siempre. El amor da vida. El amor llama a la vida. El amor multiplica la vida.
El mundo debe contemplar admirado que somos sagrarios que custodiamos el amor y del amor florece la vida abundante.
Cristo en el centro nos muestra con su mano derecha el gesto de la victoria. En Él vencemos toda dificultad por grave y dura que sea. Ser cristiano es ir de victoria en victoria porque contamos con el triunfo de Jesús sobre todo tipo de mal.
Las vestiduras de la familia de Nazaret: blanco, rojo y marrón nos hablan de las facetas de la vida cristiana en la familia: inocencia y ternura -el color blanco-, martirio y entrega -el color rojo- y servicio y trabajo -el color marrón-.
Por último, contemplamos las manos de Jesús, José y María.
Una mano del esposo está sobre el hombro de la esposa. Es la mano que simboliza la protección y el cuidado amoroso. En una obra del siglo II, escrita al estilo de los Salmos, se leen estas palabras estupendas puestas en boca de Cristo:
“Yo puse en ellos el yugo de mi amor,como el brazo del esposo sobre la esposa,así es mi yugo sobre quienes me conocen”
A los esposos se les llama “cónyuges”, que significa “unidos bajo el mismo yugo”. Jesús ofrece a los esposos cristianos que viven en el Espíritu la posibilidad de convertirse en “cónyuges” en un sentido distinto al de la mera obligación y deber. Cónyuges porque están puestos bajo el mismo yugo, el de Cristo, que es el yugo de su amor. A vosotros, esposos, repite Cristo, de un modo especial: “Cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy sencillo y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mt 11, 28).
La mano izquierda de Jesús está sobre el nido que forman las manos de José y María. Estas tres manos representan la vida cotidiana, la convivencia. Son manos que están en contacto en el quehacer de cada día, en la creación del hogar de Nazaret. Sus manos unidas representan sus vidas entrelazadas para siempre. Ya no se podrá hablar de uno sin hablar de los otros, sin pensar en los tres como una familia.
El nido que forman las manos de los padres es aquello que los padres en su paternidad y maternidad ofrecen a los hijos: por un lado, autoridad en cuanto a gobierno, guía y camino; y por otro, la protección y seguridad como lo es un nido para los polluelos (los hijos necesitan nuestros mimos, cuidados y consuelos).
Haced que vuestro hogar sea un nido seguro donde ni ahoguéis a los hijos con vuestra superprotección, dominio o control, ni los dejéis tan “a su aire” que se vayan al mundo a ser zarandeados y llevados a la deriva.
Contemplando el icono, de arriba a abajo, contemplamos:
Arriba, a los padres: ellos llevan el timón.
En el centro -como en el corazón de nuestro hogar- Cristo.
Abajo, las manos unidas: nuestros hijos y las personas que nos rodean.
Cada familia es icono de Dios para el mundo. Es Palabra de Dios para el mundo. Signo de la presencia de Dios que habla al mundo de hoy. Presencia escondida en la pobreza de un hombre y una mujer que un día se prometieron amor eterno.
Sed iconos para el mundo de hoy. Para aquellos que ya no leen el Evangelio ni frecuentan los sacramentos ni oyen la Palabra de Dios queda una esperanza : que vean a Dios en vuestra vida.