PRIMER AÑO DEL FALLECIMIENTO DE GUSTAVO CASTILLO PAYÁN, ESPOSO, PADRE, GRAN AMIGO, UNA GRAN PERSONA.


     El pasado 20 de abril de 2016, por la noche, terminó la andadura temporal de nuestro amigo y hermano Gustavo. Ha cambiado de residencia. Ahora está para siempre con el Padre. En el funeral muchos familiares, amigos… mostramos nuestra admiración hacia esta gran figura.


    Mi experiencia personal la comparto con mi equipo.
     Gustavo era una persona coherente con su pensamiento y compromisos. Siempre ha apostado por los más débiles. Lo ha mostrado y demostrado con su vida.
     Nosotros hemos tenido la suerte de estar vinculados a él desde hace varios años, al incorporarnos el sector al equipo 74. Desde el primer día conectamos con Gustavo y Charo como si nos conociéramos de toda la vida. El corazón de esta pareja es grande, inmenso.
     No quiero ahondar en su vida de compromiso. Era ejemplar. Amante del arte, de la música, del hermano necesitado, de su familia, del equipo…, ha sido un baluarte para todos nosotros. Todo desde la perspectiva de Dios. Comprensivo, estar con él (con ellos) siempre ha sido una delicia.
     Sólo quiero constatar el momento fortísimo de su Unción de los Enfermos. Quería recibirlo dentro del Equipo. Deseaba proclamar y compartir su Fe y su aceptación de los designios de Dios con entereza. Un sacerdote amigo y compañero de Gustavo presidió la Eucaristía y le administró la Unción en su casa. Estábamos todo el Equipo: el Consiliario y todos los demás. Incluso asistió María Victoria Medina, recién operada de una cadera. Fue impresionante y enriquecedor. Se abrió a todos con el cariño y sinceridad de un enamorado de Dios, de su familia, de los ENS, de los necesitados…. En breves pinceladas recorrió toda su larga vida, rica y variada, regida siempre por la presencia de Dios. Hizo confesión general y pidió perdón a Dios y a la comunidad. Recordamos aquello como uno de los momentos más fuertes de nuestra vida. Recibió la Unción de los Enfermos con GRAN UNCIÓN (valga la redundancia). Aquello fue un momento de Cielo, de verdad, de riqueza espiritual, dentro de una gran sencillez, propia de los humildes de corazón. Se tocaba, se sentía la presencia de Dios.
En plena agonía, Charo, su amada Charo, le decía unas palabras bellísimas, cargadas de amor, entrega y sinceridad. Por los movimientos de su rostro casi imperceptibles mostraba que la oía y entendía. Con los ojos abiertos y respiración más profunda parecía decirle “gracias, amor. Mi querida Charo, tú sabes que te amo. ¡Qué sola te quedas! Pero te quedan dos joyas, nuestros hijos, y el amor de mucha gente que nos ama y amamos”.
Querido Gustavo, pronto hará un año de tu partida al Padre. Todos te recordamos con un cariño inmenso. Notamos que en nuestras reuniones nos falta algo. Nos faltas tú. Sin embargo, siempre te tenemos presente. Parece que estás allí, animándonos. Te mencionamos y recordamos con amor y admiración.
El Movimiento ha perdido físicamente a una gran persona. Pero estás en nuestro corazón. Percibimos tu presencia. Y más cuando tu querida Charo nos transmite tu presencia en su amor.

Adiós, querido Gustavo. Pide al Señor por todos nosotros.

Un abrazo en el Señor.

Equipo 74.