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La plegaria familiar ( P. CAFFAREL )

 

 Muy pronto la pareja se convierte en familia. Y entonces la plegaria conyugal se dilata, naturalmente, en plegaria familiar. No digo con esto que desaparezca, en favor de la oración de la familia, sino que se dilata. La distinción es importante; ya la veremos.
La plegaria en familia, bastante frecuente en los hogares cristianos que tienen hijos, es a veces víctima de errores y de deformaciones de los que conviene decir unas palabras entes de reflexionar sucesivamente en la significación, en los elementos y en las ventajas de esta oración.


Errores y deformaciones

Por no haber reflexionado sobre el verdadero motivo de le oración familiar, muchos no la practican más que por mediocres razones: es una tradición, un deber, es una costumbre encantadora. ¡Cuánta pobreza!

Otra concepción errónea: la plegaria familiar es la oración de los padres a la que asisten los hijos -a menos que no sea la plegaria de nadie-. ¿Cómo extrañarse entonces si los hijos se desinteresan, cuando se hacen mayores? El error inverso, sin embargo, parece más frecuente: los padres, a menudo sólo la madre, hacen recitar la oración a los niños, como se recita una fábula. O aún ellos hacen rezar como si fueren monitores o vigilantes; a veces el mismo padre representa su papel de apuntador. No tenemos que esforzarnos en describir estas deformaciones, estas caricaturas...

¿Para qué alargar esta enumeración? Es más provechoso ahondar en la verdadera significación de la plegaria familiar. 

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Significación  

Lo decía más arriba, recalcando mucho la expresión: la plegaria conyugal se dilata en plegaria familiar; lo que significa que para contar la última razón de la plegaria familiar hay que partir de la conyugal. El matrimonio es una célula de la Iglesia y vive con la vida de la misma Iglesia; para esta primera célula, como para la Iglesia entera, la primordial función es la del culto de Dios.

El gran objetivo de la fecundidad, en un hogar cristiano, es, o al menos tendría que ser, engendrar y formar «adoradores en espíritu y en verdad» para que en la tierra se continúe e1 culto de Dios. Pero, a la espera de que los hijos tomen el relevo, fundando hogares a su vez, la plegaria conyugal se los asocia y, así, se dilata en plegaria familiar: la savia del tronco pasa a las ramas, para que éstas tengan hojas, flores y frutos. La plegaria conyugal asimila a los hijos para cantar la gloria del Señor en el mundo entero. Comprendida así, es algo bien distinto de una costumbre encantadora: es verdaderamente la actividad primera, fundamental y distintiva de la familia cristiana. No es solamente oración del padre o de la madre, ni siquiera de los dos, ni únicamente de los niños, sino la oración de todos, unánimes, de la cual nadie se considera espectador, en la cual cada uno participa activamente. Un matrimonio, hablando de sus dos pequeños, escribía: «Les queremos hacer deslizarse insensiblemente, de la presencia a la participación.» Excelente fórmula.

 

En esta perspectiva, es inconcebible que el padre se dispense de la oración familiar. Así, pues, juzgad de mi indignación ante esta contestación a la encuesta: «Hacemos la plegaria familiar, justamente antes de la comida de la noche; pero, al fin de la jornada, mi marido está muy cansado; muchas veces no me atrevo a molestarle y le dejo que fume tranquilamente su pipa en el cuarto vecino.» Me vino la idea de escribir a esta señora: «Le felicito, señora mía. Deseo que todos los maridos tengan esposas tan comprensivas. Con todo, me permito preguntarle qué diría usted si su párroco, a la hora de 1a misa dominical, se quedara fumando su pipa en la rectoral, mientras la sacristana recitaba las preces de la misa a los parroquianos reunidos.» No sé exactamente por qué no puse en práctica mi idea. No solamente debe estar presente el padre (salvo caso de fuerza mayor, claro está) en esta oración, sino que... tiene el deber de representar a 1a familia, delante de Dios y delante de los hombres. Así, pues, el que se dispensa de la oración familiar, esquiva una responsabilidad imperativa e inalienable. Sin embargo, no debe personalmente hacerlo todo; la madre es, aquí como siempre, su ayuda irremplazable: si el padre es la cabeza, la madre es el corazón de esta familia que reza.  

No me alargaré ya sobre las disposiciones del espíritu que requiere la oración familiar; cuanto va dicho de las disposiciones necesarias para la piedad conyugal, vale también aquí; la unión de los corazones y de las almas, 1a fe en Cristo presente, la atención a los pensamientos y a los deseos de Cristo, la alabanza, la acción de gracias, la súplica. Un punto, sin embargo, merece subrayarse: si se quiere que los niños participen en ella y sobre todo que perseveren, es muy importante hacerles comprender, poco a poco, lo que he llamado la verdadera significación de la plegaria familiar. Comprender la grandeza de lo que se debe hacer ¿no es la primera condición para seguir fieles al deber?

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Sus elementos

 

Ante todo, la oración familiar debe reservar un largo espacio a la Palabra de Dios. Un número muy grande de matrimonios insisten en destacar que los niños gustan mucho de la lectura del Evangelio y del Antiguo Testamento en la oración familiar, a condición, sin embargo, de que esta lectura no se escoja al azar, sino que se prepare.

Después de escuchar a Dios que habla en la Biblia hay que responderle; pero antes hay que dejar que penetre bien la Palabra. Por eso se impone un espacio de silencio. Es de una importancia capital aprender a callarse juntos, al lado del Señor. «Felices, decía Péguy, dos amigos que se quieren bastante para callar a la vez en un país que sabe callarse.» La familia reunida habría de ser precisamente esos amigos felices de callarse a la vez, y 1a casa, el país que sabe callarse. En esos momentos de silencio, quizás mucho más de lo que os parece, vuestros hijos y vuestras hijas se iniciarán en la oración; y quién sabe si el Todopoderoso no hablará entonces a una o a otra de estas almas de los niños.  

Sería un error, sin embargo, despreciar las oraciones vocales.... Bastante generalmente los niños aprecian la colecta de intenciones, que les permite tomar parte activa en la plegaria. Aprecian mucho las intenciones confiadas por su padre y su madre, sobre todo las que hacen que aparezcan en la plegaria familiar las grandes preocupaciones mundiales de la Iglesia. Añadamos que los padres tienen aquí un medio privilegiado para comprender mejor el alma de sus hijos.  

En fin, la oración personal en alta voz se revela como un medio extraordinario para enseñar a los niños a dirigirse al Señor. Los niños que no escuchan sino plegarias del todo hechas no adquirirán jamás la espontaneidad de un alma filial que se dirige a su Padre; pero si los padres rezan de este modo ante ellos, muy pronto a su vez ensayarán el hablar a Dios, en el curso de la oración familiar y después en sus plegarias personales.  

Todas estas partes de la oración pueden sucederse en un espacio de tiempo relativamente breve. «Es necesario -apunta un matrimonio- que la oración sea corta, a lo más de diez minutos, viva, sencilla y variada.» Esta última cualidad es presentada por todos como muy importante.

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